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"La antártica y otros mitos" |
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Artículos y ensayos
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Miguel
Serrano es un personaje interesante, escritor, hombre de lucha, de
34 años de edad. Formado integramente por la cultura católica, hijo
de un hogar tradicional chileno, Miguel Serrano va a la Antártida y
regresa de allí con el manuscrito de una conferencia, más semejante
a una profecía angustiosa que a un ensayo descriptivo o poético. En
su charla, llevada a las prensas con el mismo estilo en que fué
pronunciada, por un estimable factor de lealtad y honradez, Miguel
Serrano está muy distante de los itinerarios de viaje y de las
descripciones sorprendentes. Fué a la Antártida para recoger, con
más intensidad, su alma, y establecer los puntos básicos de una
cuasi mitología, fundamentada, primordialmente, en el bien y en el
mal, en el ángel puro y en el demonio. La región ártica, dice, es la
cabeza del hemisferio, y la antártica corresponde a sus organos
sexuales; pero ´ste es sólo el comienzo, fugazmente esbozado. El
libro contiene una inmensa asociación de las más extrañas hipótesis,
orientadas hacia el pretérito, y, lo que resulta más audaz, al
futuro irracional del hombre. Le sirven de apoyo los filósofos y
poetas que todos sospechamos. Spengler, el Conde de Keyserling, el
psicoanalista Jung, rama disidente del sistemático racionalismo de
Freud, y, se comprende que también el filósofo, más poeta que todos,
Federico Nietszche, de quien Miguel Serrano evoca, en forma algo
superficial, su teoría del eterno retorno. Pero oigámoslo
directamente. El efecto de su lectura es más auditivo que literario. "Así
como Spengler narra la mecánica biológica y física de los procesos
históricos, es Keyserling quien se ha preocupado de su realización
psicológica, al describir el procedimiento espiritual del nacimiento
de los Mitos en la Historia. Dice este filósofo que en ciertos
momentos de la historia de los pueblos, aparecen unos seres
extraordinarios que se llaman magos. Poseen estos seres el poder del
"Logos Spermátikos" para emplear sus mismas palabras, es decir, una
fuerza fecundadora del medio social en que viven, pasando a ser algo
así como los elementos creadores utilizados por el destino para
renovar la vida del alma de los pueblos. La característica que
Keyserling asigna a estos seres es una breve vida, condición
fundamental para el profundo efecto de su acción que será
arrolladora como una fuerza de la naturaleza. Mueren pronto, pues se
queman en su propio fuego. A su muerte o desaparición, siempre
tragica y misteriosa, el inconsciente colectivo de las muchedumbres
que ha quedado "enamorado", "fecundado", no se resigna a la
desaparición y, como intuye las grandes condiciones implicitas que
el mago no alcanzó a realizar en su breve paso por la vida, entonces
da nacimiento a la Leyenda y al Mito, que viene a ser, trasladando
los acontecimientos al plano de las realidades psíquicas,
precisamente todo aquello que el mago pudo haber hecho y que no
hizo, o todo lo que se cree que pudo llegar a hacer. De este modo la
Leyenda corresponde a algo real". El pensamiento
vuela a cierto hecho contemporáneo donde parece querer llevarnos
este vate de la prosa, tan propenso al vaticinio como fiel a la
definición de que la historia es una "profecía al revés" y no es
necesario avanzar muchas páginas para encontrar comprobada la
sospecha. Según el escritor Ladislao Szabó, firmante del libro
"Hitler está vivo", el paranoico orador de Nüremberg, pudo llegar en
submarino a las costas argentinas del Mar del Plata, a fin de seguir
viaje a la Antártida. Allí se encontraría, según la tesis de este
autor que Miguel Serrano acoge, otorgándole silencio, en el interior
de una montaña de hielo, junto a su Estado Mayor, congelado,
aguardando su resurrección en juventud y oportuna majestad. A estas
alturas del texto, el lector no sabe si Miguel Serrano, hombre
espiritual y simpático, habla desahogando su buenhumor, su humorismo
trágico. Su estilo fácil se aproxima y aleja de estos puntos de
partida, viajando desde el absurdo histórico o científico hasta la
nebulosa poética, de mística trepidación. Quede en claro que no escribimos lo último, animosos de estampar un reparo hiriente; pero hay un contraste excesivo entre la posición que espera el perfeccionamiento del hombre por la razón, capaz de hacerlo dís a día más adulto, de darle gobierno de igualdad y democracia y la insistencia entusiasta en su gregaria y pueril irracionalidad.
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