La obra del
autor chileno ha sido reconocida por importantes
escritores y críticos nacionales, quienes destacan
su capacidad para crear una original mitología de
nuestro territorio.
"Nada de literatura, pura confesión". Con estas
palabras, un Miguel Serrano todavía adolescente
proclama en una casona de la calle Victoria
Subercaseaux, frente al cerro Santa Lucía, su idea
de la escritura. Interrogado por su amigo Santiago
del Campo, traza, sin saberlo, el que será su
programa. "Escribir con sangre", dice aludiendo a
Nietzsche y al desprecio por la gramática y las
reglas de la sintaxis. Se refería entonces a
escribir con el corazón, como Giovanni Papini, autor
de Un hombre acabado. Libro en el que el italiano
escenificaba el drama de su pensamiento, antes de su
conversión al cristianismo que decepcionó a Serrano.
El provocador estilo autobiográfico de Papini marca
la obra del escritor chileno, quien años después lo
entrevistará en Europa para El Mercurio, tal como lo
había hecho, para este mismo diario, Eduardo Frei
Montalva, profesor de caligrafía de Serrano en el
Instituto Luis Campino.
Más tarde, en el ambiente laico del Internado
Nacional Barros Arana, donde también estudiaban
Nicanor Parra y Jorge Millas, Serrano pierde la fe,
pero no el misticismo, y descubre, al mismo tiempo,
a los autores más leídos por sus compañeros de
curso: rusos como Arzibachev, Pilniak, Fedin y
Tolstoi, pero también Panait Istrati, Lajos Zilahy,
Knut Hamsun, Romain Rolland y Thomas Mann. En sus
libros ronda el pesimismo y el suicidio, camino que
seguirán varios compañeros de generación.
Su encuentro con Héctor Barreto resulta decisivo.
Excepcional contador de historias orales, Barreto
comparte con Serrano intereses esotéricos y una
idealización del mundo antiguo, con sus mitos de
héroes y viajes iniciáticos. El sorpresivo ingreso
de Barreto a las filas socialistas y su absurdo
homicidio en una reyerta callejera con los nacistas
son episodios sobre los que Serrano se preguntará
una y otra vez, buscando a través de su obra
literaria un sentido que escapa a la racionalidad.
Barreto se transforma en el Jasón de los Argonautas.
Víctima propiciatoria de quienes se convertirán, a
su vez, en las víctimas caídas en la masacre del
Seguro Obrero.
De sus contemporáneos, Serrano dejará un registro
visionario: la Antología del verdadero cuento en
Chile. Los relatos del libro rompen con el realismo
en boga, sobre todo con la literatura rural
preconizada por los mayores: Omer Emeth y Mariano
Latorre. No es que los nuevos narradores se alejen
de la tierra, pero su vinculación con ella es
distinta.
"En la literatura y en el arte chilenos no se ha
expresado el paisaje anímico del sur del mundo. Es
nuestra generación la que trae el deseo de levantar
la cabeza hacia la cumbre de los montes", escribe
Serrano.
Él mismo da el ejemplo en sus primeros textos, donde
recorre y describe un país, a la vez, psíquico y
material. Frente a la muerte de su compañero de
generación, Gonzalo Rojas declara: "Supo ver a Chile
no a escala de la criollería, sino mucho más alta.
Ni por mar ni por tierra es un documento de oro, de
escritura grande. Esos pasos por el esoterismo son
genuinos, nunca cedió a la trampa".
El crítico Luis Sánchez Latorre, Filebo, dedicó no
menos de diez artículos a la obra de Miguel Serrano.
Lo consideraba un "excelente escritor" y advertía en
él un "iluminismo" basado en símbolos tomados de la
mitología de los pueblos germánicos. Con esos
elementos y otros provenientes de tradiciones
gnósticas y precolombinas, Serrano se propuso "crear
una mitología chilena de carácter universalmente
válido", como lo expresa Armando Uribe en el
postfacio a la reedición de La flor inexistente (Beuvedráis,
2004). El poeta ve en la escritura de Serrano un
afán mistagógico; es decir, revelador de doctrinas
ocultas o maravillosas.
En su libro Las formas simples, el filólogo André
Jolles hacía notar que "allí donde el mundo se crea
ante el hombre a manera de pregunta y respuesta,
aparece la forma que denominaremos mito". El hombre
interroga al universo sobre su origen, pero también
sobre su comportamiento futuro. Por eso, señala
Jolles, mito y oráculo pertenecen a la misma
actividad mental: ambos vaticinan. En su literatura,
Serrano intenta contestar a las preguntas sobre una
identidad personal y colectiva: "¿Quién soy yo?"
"¿Qué es una generación?", pero también la gran
interrogante: "¿Qué hacer?" Las respuestas no vienen
desde adentro de los objetos, como en el mito, sino
desde afuera, desde el que interroga. En este
sentido son analogon o mitos referidos; es decir,
deducidos, verosímiles. Precisando, toda la obra de
Serrano es un mito, pero un mito referido,
"artístico" por así llamarlo, en el sentido de
artificial.
En el mito, el mundo interior está íntimamente
vinculado con el exterior: la psicología es el
paisaje y viceversa. No es de extrañar entonces que
al trágico destino de su generación, consumado en
1938, suceda el terremoto de Chillán, en 1939, del
que Serrano escapa a último minuto, movido por una
serie de presagios. Sus posteriores viajes a la
Antártica y la India, así como sus encuentros con
Carl Gustav Jung y Hermann Hesse, serán explicados
también míticamente. El desajuste con la realidad se
hará patente en muchos casos, como bien señala
Filebo cuando advierte: "Su visión de los
acontecimientos contemporáneos no empalma con la
contingencia de los mismos".
Tanto Filebo como Armando Uribe y Gonzalo Rojas
discrepan de las derivaciones ideológicas que asume
muchas veces el discurso de Serrano. Imposible
suscribir sus tesis racistas y la negación del
Holocausto. Su nazismo, franco pero no menos
escandaloso, sigue dividiendo a las nuevas
generaciones de escritores y críticos. Entre sus
impugnadores, se han contado Gonzalo Contreras,
Rafael Gumucio y Leonardo Sanhueza. Han defendido su
obra literaria Juan Manuel Vial, Cristián Warnken y
Armando Roa.
Jorge Baradit, autor de las novelas de anticipación
Ygdrasil y Synco, reconoce la deuda del género con
Serrano: "La literatura fantástica es la que mira
hacia adentro, hacia lo que existe sólo en la mente
humana. En ese sentido, la influencia de Serrano es
directa. Él y ningún otro fue capaz de abrir puertas
gigantescas hacia el inconsciente colectivo
nacional. Su obra es como un psicoanálisis al
territorio".
Jung declara en su prólogo a Las visitas de la Reina
de Saba, del escritor chileno: "Es como un sueño
dentro de otros sueños". Cierto, un laberinto
onírico, con pesadillas incluidas. Imagen que podría
aplicarse a cualquier libro de Serrano. Porque el
autor escribió siempre "un mismo y único Libro",
según anotó Armando Uribe. Avances más o menos
sublimados de la autobiografía que culminó en los
cuatro tomos de sus Memorias de Él y Yo.
El misterioso título da cuenta de un asunto que
obsesionó a Serrano: la tensión entre un plano
impersonal (El, Ello, Ellos, Algo) y la "Aparición
del Yo" en un momento determinado de la infancia.
Hito epifánico, crucial, que separa en dos la vida
del autor. Un acto de individuación casi definitivo.
Casi, porque, pese a todo, conocerá de reflujos en
el futuro: estados alterados de conciencia, como la
fiebre, el delirio, el sueño. Ahora, quizás, la
muerte. La Ella definitiva de sus viajes.
"Busco dentro de mí el ataúd de la madre para
abrirlo", escribió Miguel Serrano.
* * *
Dijeron de sus libros
Ni por mar ni por tierra
(1950)
El poeta, el héroe y el niño, irreductibles en
Miguel Serrano, han producido un libro hermoso,
vernáculo y moderno, lírico y realista, original en
nuestra literatura". (Luis Merino Reyes)
La combinación de cosas vistas y cosas de pesadilla,
de natural y sobrenatural, de ideas serias o
cómicas, de humorismo y tragedia, la visión de un
Chile chilenísimo y extranjerizante, exótico,
fantasmal, todo ello torrencialmente arrojado, con
ímpetu, sin esfuerzo, con cándida espontaneidad de
iluminado, hacen de esta obra algo tan cautivador
como inclasificable, algo que no se había hallado en
Chile antes, Ni por Mar ni por Tierra". (Alone)
El círculo hermético (1965)
Este libro encontrará, sin duda alguna, gente que
atacará o defenderá sus ideas e inclinaciones, pero,
aparte de ello, se deberá reconocer que es un libro
rico de puntos de vista, un libro sabroso, en el
sentido intelectual, libro en el que, a cada paso,
el lector encontrará deliciosos párrafos, deliciosos
en el sentido de que están llenos de sustancia
mental".