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Artículos y ensayos
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Fragmento de la charla dictada por el
chileno Miguel Serrano sobre el escritor alemán, en la aldea suiza de Montagnola,
en agosto de 1972. DESCONOCIDO ENTRE PARES
Estamos en las tierras
de Hermann Hesse, donde transcurrió la más creadora parte de su
vida. ¡Cuántas cosas han pasado desde que él llegara aquí por
primera vez, hace más de cincuenta años! ¡Cuántos cambios! La
atmósfera de Montagnola ya no es la misma que él conociera, ni
siquiera es la Montagnola que yo viera hace veintiún años, cuando
aquí vine por primera vez a visitar al escritor, con un saco andino
sobre los hombros y uno de mis primeros libros en la mano. La casa
roja que él habitara sobre una colina ya no es más roja y ha sido
vendida a un hombre que ni siquiera sabe quién fue Hermann Hesse.
Cuando vine aquí, en 1951, Hesse era un desconocido para los
lectores del mundo anglosajón. En mi libro, El círculo hermético,
cuento que debí buscar por días un ejemplar de alguna obra del
escritor, en Londres y en Nueva York, para regalarla a un amigo
inglés o americano, que nada sabía de Hesse. Lo mismo sucedía en la
India y en todo Oriente. Muy pocos, casi nadie, conocía a Hesse. En
cambio, en la América Latina, en México, en Argentina, en Brasil y
en Chile, mi país, Hermann Hesse era leído y estudiado como un
maestro de caminos secretos y esenciales. De este modo, cuando
visité a Hesse por primera vez, vine a ver aquí a un guía de la vida
espiritual.
Los años han pasado y
la situación ha variado totalmente. En la América del Sur, en el
mundo latino en general, Hermann Hesse ha sido olvidado un tanto. La
verdad es que nunca allí llegó a ser un escritor de masas, de
ediciones en masa. En los Estados Unidos todo se transforma en
producción en masa, en producto de consumo. En la América Latina, la
importancia de Hesse fue la de un escritor secreto, de selección, de
búsqueda interior, nunca ha sido de mayorías. En una minoría,
Hermann Hesse se mantendrá siempre entre nosotros, perdurará.
Quizás el fenómeno
tenga su causa en la diferencia existente en las dos ramas de una
misma religión, como son la católica y la protestante. La atmósfera
católica del mundo latino no ha producido las tensiones y
represiones del puritanismo. De este modo, Hesse, con su dios
Abraxas, dios del bien y el mal, no significa una revelación, ni
precipita una explosión en el mundo católico latinoamericano, ni
entre aquellos que, de un modo u otro, fueron tocados por los
símbolos y mitos de la filosofía alemana. En mi país y en los
tiempos de mi juventud los mitos del Romanticismo alemán, que tienen
raíces legendarias en el Rig Veda, en las filosofías Vedanta y en la
dualista Samkhya del hinduismo, en el zoroastrismo, en el
maniqueísmo y en el druidismo, alcanzaron a toda una generación
latinoamericana y española, educada en la lectura de la "Revista de
Occidente", en la divulgación de Ortega y Gasset y en los libros y
conferencias del conde de Keyserling.
Por todo esto, aun
pasando a ser Hermann Hesse un guía y un maestro del camino de la
realización interior, nunca ha dejado de ser para nosotros los
hispanos, los latinoamericanos, el escritor alemán de esencia y
substancia, que continúa en una línea de escritores excelsos, que
representan la más alta espiritualidad de la cultura germánica. Esto
fue y quiso ser Hermann Hesse: un continuador de Novalis, de
Hölderlin, de Kleist, de Nietzsche, de Jean Paul. Sabemos que Hesse
trabajó durante casi toda su vida en una Antología de románticos
alemanes. Esta Antología fue terminada - nos lo dice su biógrafo
Bernhard Zeller- pero nunca editada. ¿Dónde se encuentra el
manuscrito hoy? Hesse fue la más grande autoridad del Romanticismo
alemán, del que es su último brote, junto con el "Simbolismo" de
Stephen George. El Romanticismo alemán, en la poesía y en la
filosofía, se entronca naturalmente con la India. Además se genera
en el pietismo y el protestantismo. Es por esto último que Hermann
Hesse también llega a producir tan gran explosión en el alma del
mundo protestante anglosajón, cuando los valores de este mundo
entran en crisis. La crisis se hace visible en Inglaterra cuando las energías de ese país - con la pérdida del Imperio- tórnanse del exterior al interior y toda una generación empieza a buscar en su propia alma. Con el derrumbe del Imperio se desmoronan también los últimos valores del puritanismo. La represión victoriana, que fuera dirigida a la formación de una casta dirigente y de una clase gobernante colonial, con una disciplina ascética, se desintegra. Y el dios Abraxas de Hesse (y también de Jung) se apodera de un mundo desorientado y en caos creador. En ese caos colectivo, en ese mar, hacen irrupción los arquetipos, encontrando nuevos ropajes los legendarios del Soma, de la Ambrosía, del Hongo Primordial. Su nueva encarnación es la droga, el LSD, la mescalina, la marihuana. Y todo esto contribuye a la transformación del verdadero Hesse en Norteamérica, en algo completamente distinto, en algo que él no es, pero que, de algún modo, también es. EL PRODUCTO "HESSE"
En los Estados Unidos,
la explosión del mundo puritano anglosajón y el derrumbe de sus
valores tiene, además, otra característica: la rebelión de las
juventudes contra el mecanicismo, la supertécnica, la mecanización
creciente de la vida. Las nuevas generaciones se sienten ajenas y
sin responsabilidad directa en el proceso, al mismo tiempo que
trituradas, destruidas por la máquina. Descubren también en Hesse
esta rebelión contra la técnica, rebelión que en él tiene, de nuevo,
sus bases en la filosofía y poesía romántica alemana y en el
orientalismo. Pero esto es ignorado por esas juventudes que se
empeñan en querer ver en Hesse un fenómeno aislado. Mejor dicho, así
se lo presentan las editoriales, los periódicos, las revistas, la
producción en masa, el producto de consumo, la superficialidad del
ambiente y el comerciante que sólo está interesado en vender el
"producto" Hesse. Y el "producto" dejará de venderse un día, cuando
la moda pase y deba ser reemplazado por otro.
Al señalar este
peligro, este aspecto negativo en la difusión comercializada y
estandarizada de un escritor tan sutil, tan profundo, no hago más
que repetir la crítica que los sudamericanos y los europeos hacen a
la civilización y producción en masa de la América del Norte. Allí
todo corre el peligro de transformarse en algo superficial. Este
peligro también fue visto y temido por Hesse. Sabemos bien que se
opuso siempre a que sus obras fueran llevadas al cine. En mi última
entrevista con su esposa, Ninón, me contó que se había negado a que
El lobo estepario fuera llevado a la televisión canadiense.
¿Por qué se oponía
Hesse a que sus obras fueran filmadas? Creo entenderlo. Voy a tratar
de explicarlo aquí dentro de la terminología norteamericana actual.
La literatura pertenece a la "Galaxia de Gutenberg"; el cine, a la
"Galaxia Electrónica". El cine trabaja con la luz. La luz, en esta
tierra de la "materia dura", tiene un tránsito veloz, va de paso,
viene como un ladrón, se lo roba todo, se roba las imágenes y se
escapa, se va. Trabajar con la luz aquí significa no perdurar,
significa trabajar para la vida efímera, para la muerte. No hay nada
del cine que pueda perdurar. No soy enemigo del cine ni de la
"Galaxia Electrónica". Por el contrario, aprecio las obras de arte del cinema como cualquier obra de arte de verdad. Pero creo que no es posible transportar el arte de una "Galaxia" a la otra, porque cada cual se rige por leyes propias. Ninguna obra de arte literaria puede ser llevada al cine sin que pierda, se falsee y se destruya su espíritu y su interna belleza. Ahí está el ejemplo reciente de La Muerte en Venecia de Tomás Mann y de El Proceso, de Kafka. La obra de arte del cine deberá ser "totalmente cine" y escrita directamente para el cine. Sólo las malas obras literarias vienen a constituir buenas piezas cinematográficas, nunca las buenas. Además, una gran obra del cine, una verdadera obra del arte, está siempre regida por el signo de la transitoriedad, por la carrera vertiginosa de la luz. Ninguna película resiste el tiempo terrestre (veamos de nuevo "El ciudadano Kane"). Cada obra de esta Galaxia impresiona dentro de la transitoriedad, marca y es marcada por lo instantáneo. No creo, además, que con la aparición de la "Galaxia Electrónica", la "Galaxia de Gutenberg" deba desaparecer. Creo que ambas existirán simultáneamente, paralelamente, pero a condición de que no se mezclen y que estas paralelas tampoco se junten en el infinito. en El
Mercurio
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